Nuestros gustos nos definen

Rob, el protagonista de la deliciosa película de Stephen Frears “Alta fidelidad” (basada en la novela homónima de Nick Hornby) e interpretado por John Cusack, afirma en uno de sus frecuentes diálogos con el público, durante los cuales rompe la cuarta pared, algo así como “Lo que nos une son nuestro gustos: música, cine, comics, libros”. No es la cita exacta, sino una paráfrasis.

Escribo esto en 2018, así que debemos sumar también las series de televisión. Y no sólo la cultura popular debería estar incluída, sino también todas las formas de arte: pintura, ilustración, música sinfónica, ópera, escultura o arquitectura.

Toda afirmación de semejante calibre es relativa, claro está, pero alberga una sabiduría mucho mayor de la que parece: ¿Podrías ser amigo o tener una relación sentimental con alguien a quien le guste algo que tú detestas o que consideres de mal gusto? Los gustos reflejan verdades más profundas de lo que aparentan. Son los estandartes de una forma de reflexionar, de una sensibilidad, de una forma de estar en el mundo. Dicen cosas que las compatibilidades emocionales o de personalidad pueden o no reflejar.

No recuerdo quién dijo que es más importante la compatibilidad intelectual que la emocional a la hora de buscar pareja, y que mientras que el deseo físico se evapora, mientras que la conexión emocional puede debilitarse, las conversaciones acerca de temas comunes no lo harán, o evolucionarán ofreciendo perspectivas cada vez más interesantes. Probablemente los gustos intelectuales nos definan aún más que las opciones políticas, que tienen a veces mucho de “heredado”. La amistad es la forma de poder hablar de lo que nos gusta.

Eso será cierto, claro está, para quienes consideran los debates y la riqueza intelectual como un imperativo en su vida. Todos conocemos a personas que preferirían ser asesinadas antes que pensar con cierta precisión; que necesitan recibir consignas externas acerca de qué pensar y que no las pondrán en duda mientras su vida y su nómina mensuales no se vean amenazadas. Que pueden pasarse horas en una “small talk” perpetua donde se enlaza una sucesión de hechos tras otro sin que se deduzcan consecuencias o ideas que puedan impactar de un modo u otro en sus acciones futuras. Que consideran que los hechos son más importantes que las ideas y que todo está inventado. Que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

(Otro día hablaré del controvertido test de personalidad de Myers-Briggs y de las implicaciones que la segunda letra de sus resultados: la S o la N, tiene en la personalidad y en nuesta forma de pensar, hablar, relacionarnos con los demás).

Creo que no podría ser amigo o pareja de alguien a quien le guste Paulo Coelho, Camela o el Reggaetton, pero seguramente tampoco a quien le gusten las películas de Jean Paul Goddard, los libros de Jacques Lacan o que sólo escuche free Jazz. De hecho, creo que preferiría a alguien que escuche a Camela antes que a alguien que lea a Lacan.

Compartir es, sobre todo, compartir ideas y experiencias emocionales comunes. Y nada permite más compartir un lenguaje común que el creado por artistas e intelectuales que han conseguido producir una voz propia, específica y distinguible de todas las demás.

A veces ocurre al revés, y los gustos explican el porqué dos personas se sienten agusto la una con la otra: hace relativamente poco me enteré que el grupo favorito de un gran amigo, a quien conozco desde hace casi 30 años, era “The Smiths”, que también fue mi preferido durante buena parte de mi juventud.

Por eso se me ocurrió hacer un pequeño listado que incluyera algunas de mis preferencias. No todas, por supuesto, sí aquellas que cumplen dos características fundamentales: son profundas y, a la vez, accesibles o, por lo menos, no son del todo oscuras. Porque las mejores obras de arte no son arcanos que sólo las mentes brillantes descifran (el esnobismo es otra forma de ignorancia) sino cargas de profundidad envueltas en continentes fácilmente digeribles o, al menos, no indigestos. Las buenas obras de arte esconden mensajes profundos en envoltorios sencillos y hasta aparentemente triviales.

Juro que intenté leer el Ulises de Joyce tres veces, sin conseguir terminarlo (las tres veces me quedé dormido no más allá de la página 30), pero no me avergüenza confesar, heréticamente, que las obras hechas para demostrar lo grande que la tienes me parecen ejercicios de estilo hiperbólicos, repetables por cuanto demuestran el deseo de trascender y conseguir cotas de originalidad nunca antes alcanzadas, lo cual requiere inteligencia y fuerza de voluntad, pero que no garantizan alcanzar la profundidad que otras obras más accesibles sí consiguen con mayor economía.

Una de las cosas que me producirían más placer sería poder debatir con vosotras y que tengamos gustos más o menos afines, bisagras a partir de las cuales construir una educación de importancia extrema para vuestras vidas. Si tampoco salís incólumes de la lectura de “El Proceso”, del visionado de “The Wire” o “El Buscavidas”, de la música de Jeff Buckley o de la contemplación de “El descendimiento” de Roger Van der Weiden, significará que podremos mantener para siempre puntos en común que aposentarán el amor que siempre os profesaré.

El listado incluye algunas obras algo más “difíciles”, pero muchas que no. Incluyo obras que ni siquiera a mí me parecen maestras, pero sí entretenidas, y lo suficientemente buenas como para servir de punto de partida para una conversación interesante. Por poner un ejemplo, la película “Zodiac” de Steven Fincher.

Música (canciones, que representan a las bandas)

  • “There is a light that never goes out” – The Smiths
  • “Fascination street” – The Cure
  • “Han caído los dos” – Radio Futura
  • “True faith” – New Order
  • “She drives me crazy” – Fine young cannibals
  • “The Bottle” – The Christians
  • “Down on the street” – Shakatak
  • “Boogie wonderland” – Earth, wind and fire
  • “Superstition” – Stevie Wonder
  • “Driven to tears” – The Police
  • “More than this” – Roxy Music
  • “Forget her” – Jeff Buckley
  • “Vinnie” – Screaming headless torsos
  • “Spend some time” – Brand new heavies
  • “Dynamite” – Jamiroquai
  • “Policy of truth” – Depeche Mode
  • “One day” – Chris Isaak
  • “Nothing came come between us” – Sade
  • “I’m not in love” – 10cc
  • “Zig zag” – Caribbean Jazz Project
  • “If you want me to stay” – Red hot chilli peppers
  • “Dos gardenias para ti”
  • Todo Bach
  • Todo Debussy
  • Todo Eric Satie

Películas

  • “El apartamento” de Billy Wilder
  • “El buscavidas” de Robert Rossen
  • “El resplandor” de Stanley Kubrick
  • “El manantial” de King Vidor
  • “El padrino” de Francis Ford Coppola
  • “Annie Hall”, “Zelig”, “Broadway Danny Rose”, “Balas sobre Broadway” y “Desmontando a Harry” de Woody Allen
  • “Sed de mal” de Orson Welles
  • “Las amistades peligrosas” y “Alta fidelidad” de Stephen Frears
  • “Blade Runner” de Ridley Scott
  • “El verdugo” de Luis García Berlanga
  • “Historias de Filadelfia” de George Cukor
  • “Vértigo” y “La ventana indiscreta” de Alfred Hitchcock
  • “Pulp Fiction” de Quentin Tarantino
  • “El golpe” de George Roy Hill
  • “Uno de los nuestros” y “La edad de la inocencia” de Martin Scorsese
  • “Perversidad” de Fritz Lang
  • “Eva al desnudo” de Joseph Leo Mankiewicz
  • “Qué bello es vivir” de Frank Capra
  • “El secreto de sus ojos” de Juan José Campanella
  • “Veredicto final” de Sidney Lumet
  • “Muerte entre las flores” de los hermanos Cohen
  • “Un mundo perfecto” de Clint Eastwood
  • “Los 400 golpes” de François Truffaut
  • “La gran belleza” de Paolo Sorrentino
  • “Zodiac” de Steven Fincher

Series

  • The Wire
  • Yo, Claudio
  • Reilly, As de espías
  • Breaking Bad
  • Juego de tronos
  • Fargo I y II
  • True detective I
  • Los Soprano
  • Roma
  • Monty Python’s flying circus

Libros

  • “Lolita” de Vladimir Nabokov
  • “El Aleph” de Jorge Luis Borges
  • “La metamorfosis” y “El Proceso” de Franz Kafka
  • “El resto es silencio” de Augusto Monterroso
  • “El principito” de Antoine Saint-Exupery
  • “Auto de fe” de Elias Canetti
  • Los libros de El Cuarteto de Los Ángeles, de James Ellroy
  • “El viudo” de Georges Simenon
  • “Ampliación del campo de batalla” de Michel Houellebecq
  • “La gente de Smiley” de John le Carre
  • “El extranjero” de Albert Camus
  • “El gatopardo” de Giusseppe Tomassi de Lampedusa
  • “Ese dulce mal” de Patricia Highsmith
  • “Fausto” de Goethe
  • “Paisaje con grano de arena” de Wilslawa Szymborska
  • “Somos el tiempo que nos queda” de José Manuel Caballero Bonald
  • “Diario íntimo de Sally Mara” y “Ejercicios de estilo” de Raymond Queneau
  • “El abismo en el tiempo” de H.P. Lovecraft
  • “Si esto es un hombre” de Primo Levi
  • “Bartleby, el escribiente” de Herman Melville
  • “Macbeth” de Shakespeare
  • “El Buscón” de Quevedo
  • “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad
  • “La muerte de Ivan Illich” de Tolstoi
  • “Otra vuelta de tuerca” de Henry James
  • “El hombre en busca de sentido” de Victor Frankl
  • “El error de Descartes” de Antonio Damasio
  • “Sin conciencia” de Robert Hare

Pintores (sólo unos pocos cuadros para abrir boca, y una escultura)

  • “El jardín de las delicias” de El Bosco
  • “El descendimiento” de Roger van der Weyden
  • Los autorretratos de Rembrandt
  • “La caída de Faetón” de Rubens
  • “Las meninas” y “Retrato de inocencio X” de Velázquez
  • “Saturno devorando a sus hijos” de Goya
  • Los autorretratos de Vincent Van Gogh
  • “Niños en la playa” de Joaquín Sorolla
  • “Guernica” de Picasso
  • “Jugadores de Skat” de Otto Dix
  • “Metrópolis” de George Grosz
  • “Amarillo, rojo y azul” de Vasilii Kandinsky
  • Los autorretratos de Chuck Close
  • “Autorretrato” de Lucien Freud
  • Los trípticos de Francis Bacon
  • “Retrato de un artista” de David Hockney
  • Las crucifixiones de Antonio Saura
  • “Tres escobas” de Antoni Tapies
  • “Nighthawks” de Edward Hopper
  • “Horizonte binocular” de Luis Gordillo
  • “Standing woman” de Ron Mueck

Me faltan ilustradores, documentales o programas infantiles, que iré rellenando con tiempo

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