Primeras preguntas

Comenzáis a hacer preguntas curiosas, que revelan inquietudes muy interesantes. A los 8 años y medio no hay nada bajo el sol que os cause auténtico malestar, pero sí las primeras dudas.

No importa demasiado si no comprendéis del todo el mundo, porque traéis de serie la intuición necesaria para adaptaros a él. Y en esto nos superáis por mil cuerpos a los hombres, mucho más empeñados (en general) en cambiarlo. Me importa un bledo si alguna mente estrecha se queda atorada en la ofensa en este pensamiento políticamente incorrecto: los hombres y las mujeres somos diferentes. El posmodernismo, que se empeña en convencernos de que toda actitud es un constructo social y no algo con lo que la evolución nos ha provisto, es una estupidez.

Pocas cosas os serán más útiles que comprender las dinámicas entre los sexos aunque, repito, venís de serie con un conocimiento que os permitirá ser más adaptables. Espero que pueda explicaros por qué algunas veces encontraréis tan irritantes algunos comportamientos masculinos y cómo desvelar su significado (si yo fuera mujer y vosotras hombres la lección sería mucho más larga, eso está claro), aunque pronto vosotras mismas hallaréis la explicación.

Me ocuparé de que no os creáis seres de luz con derecho a todo, de que no consideréis a los hombres meros animales eyaculadores y de que no veáis el mundo como un juego de víctimas femeninas y explotadores heteropatriarcales masculinos.

El feminismo combativo del pasado, protagonizado por mujeres fuertes que sólo deseaban las mismas oportunidades que los hombres en el juego de la vida, en una época donde eran tratadas de manera injusta, ha dado paso a un lloriqueo de plañideras victimistas. Nunca los neuróticos y los quejicas han tenido más voz y predicamento. El País es el vertedero ideológico de todos ellos.

Os recordaré el comportamiento de vuestra madre y entenderéis qué significa la valentía conviviendo con exquisita ternura; la ironía aderezada con compasión; la absoluta ausencia de autocompasión mezclada con amor propio.

No os permitiré que las excusas formen parte de vuestro argumentario; sabréis sufrir cuando toque y divertiros cuando sea necesario; trataré de no ser el prototípico padre ultraprotector porque conozco la necesidad de que falléis, fracaséis y hasta que seáis infelices, condiciones indispensables para construir sólidas personalidades, resilientes a los embates que sin duda sufriréis.

También os recordaré que no compréis packs ideológicos: “si mi ideología es esta, debo opinar así de esto y de aquello”. Primero deben venir los conceptos, las intenciones, los principios y, en función de ellos, opinaréis de una u otra manera, no importa si a veces esa opinión contradice la ideología que supuestamente os “identifica”. Huid de las etiquetas simplonas y dedicaos a reír y amar todo lo que podáis y a asumir con entereza las pruebas que la vida os lance. El resto vendrá rodado como consecuencia inevitable de vuestra forma robusta, llena de principios, de asumirla.

Si leéis esto cuando tengáis 14 o 15 años, recordad que lo escribí cuando teníais 8 y medio, aquel verano en que nos mudábamos a otra casa mejor y ambas creíais que yo era el padre más guapo, fuerte e inteligente del mundo.

Sí, es en serio ¿No os lo creeís, ahora que sentís vergüenza de que vuestros amigos adolescentes me vean aparecer? 😉

Un beso. Vuestro padre, que os quiere.

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