El objetivo de este blog

Hace años usé este dominio para mantener un blog donde escribía acerca de muchos temas heterogéneos: arte, ilustración, música, cine, literatura, ensayo, política o cuestiones personales, usando además diferentes voces que dependían de mi estado de ánimo: irónica, cómica, solemne, poética… Era el típico desahogo diletante sin rumbo fijo, lleno de libertad e incoherencia, protagonizado por un treintañero sin hijos, con trabajo y con pareja.

En noviembre de 2012 nació otro blog, Cáncer Integral, donde comencé a escribir acerca del tema que a todas las familias del siglo XXI afecta o afectará, directa o indirectamente, en algún momento de sus vidas, y el anterior blog comenzó a perder su sentido lúdico.

Lo hice debido al tumor cerebral que mi mujer, Miriam, padecía desde el año 2004 y a la investigación que obsesivamente emprendí cuando los médicos la desahuciaron en 2008. Con el paso del tiempo el blog se convirtió en una herramienta cada vez más afilada, con un mayor número de seguidores, y me condujo, como una especie de corolario inevitable, a la escritura de un libro.

El 9 de enero de 2012 nacieron mis hijas mellizas, Daniela y Verónica, una de las cuales, Dani, presentaba serios problemas de salud: una cardiopatía y una atresia de esófago. Entonces todo lo que había significado este blog murió definitivamente. Ya no había sitio para nada más.

El 4 de octubre de 2017 mi mujer falleció a causa del cáncer. De haber hecho caso a pies juntillas a las estadísticas y los pronósticos médicos, debería haber muerto unos cuantos años antes.

Escribo estas líneas en enero de 2018, casi 4 meses después de su muerte, con esas 3 fechas apoderándose de mí y haciendo presión para obligarme a construir algo a partir de ellas. Con el duelo aún fresco que replantea el pasado y el futuro de maneras antes impensadas y que me revela las profundidades antes inexploradas de la tristeza.

Mis hijas, la muerte de mi esposa, la inevitable transformación que, en apenas 10 años, el conocimiento del cáncer y de todo lo que lo rodea ha inducido en mi personalidad y en mi forma de percibir y afrontar el mundo: esos ingredientes obligan a algo. A dejar constancia de todo lo que creo que significa vivir y explicárselo a mis hijas o, mejor dicho, a las mujeres que leerán estos escritos y en las que espero se conviertan. A ellas está dedicado este blog. Ellas son sus destinatarias.

Casi nadie salvo ellas leerá estas divagaciones, pero no importa: su destino es ayudar a construir personalidades sólidas a partir de lo que su padre pueda decirles con palabras más evocadoras y profundas que las cotidianas. Como si pudiera servir para algo. Lo hago también por mí, claro está, porque quienes no tenemos facilidad para dejarnos llevar nos obligamos a hacerlo cuando unos píxeles se prestan a ello. Porque el futuro aguarda para juzgar lo que hemos sido y tengo mucho miedo a que mis hijas, debido a su corta edad, no comprendan lo que puedo comunicarles ahora, y que en un futuro se me olvide lo que ahora pienso o algo me suceda y quede sin decir.

Si algo me caracteriza es el pensamiento y el deseo de que tenga aplicaciones prácticas. Pensar y deducir formas de que el pensamiento se traduzca en mejoras concretas son mis principales ocupaciones. Traducir los pensamientos en un equilibrado relato es difícil pero imprescindible para hacer inteligible lo que mueve el mundo: las ideas transmitidas y las acciones que de ellas se desprenden. Mis hijas son lo poco realmente importante que tengo, pero son casi lo único que necesito. Escribir un libro y tener hijos son los testimonios definitivos de nuestro paso por el mundo, pero no sirven de nada por sí solos: deben aportar independencia de criterio y servir como punto de apoyo para otros.

Porque ayudarlas a que construyan un mundo mejor para ellas implicará hacerlo mejor para todos.