Tiempo y fechas

Vuestra educación sentimental, como la de casi todos, estará compuesta por encuentros con personas que dejarán en vosotras una huella agridulce y más o menos intensa.

Tendréis éxitos amorosos y tal vez fracasos; rechazaréis y seréis rechazadas; amaréis y seréis amadas; conoceréis el éxtasis físico y el emocional, el nerviosismo y las dudas, la serenidad y el tormento, la desidia y los celos, la exaltación y el aburrimiento; tendréis aventuras divertidas, dolorosas, físicas, platónicas, intensas, superficiales, cortas o largas, y cada una de ellas construirá una parte de vuestra biografía sentimental.

Pero nunca os creáis inaccesibles a lo inesperado. No hay fecha tope a partir de la cual uno deja de aprender en determinados temas, y pocos hay donde uno pueda sorprenderse a sí mismo tanto como en los asuntos amorosos.

Tal vez pasados los treinta una especie de profundo terremoto os sacuda mientras os hace comprender que no os conocíais lo suficiente, que no erais tan listas como pensabais. Y tal vez vuestras propias reacciones os sean extrañas y no sepáis cómo afrontar lo que parece llegado del espacio exterior. Si además esos sentimientos aparecen cuando el contexto objetivo de vuestra vida es complicado, comprenderéis lo que significa la expresión “lucha interior”.

Somos eso que hemos experimentado y sentido más todo aquello acerca de lo cual hemos reflexionado. Razón y emoción no son términos opuestos sino una pareja de baile que intenta compenetrarse mientras escucha la música de la vida, la interpreta y la expresa con la mayor armonía posible. Somos el resultado de lo que debemos ser y de lo que queremos ser, que se relacionan entre sí de forma lúdica o violenta.

Y no hay lucha más violenta que la que sucede cuando deberes y sentires entran en conflicto. Cuando chocan lo que debes hacer y lo que un puñetazo vital te intenta forzar a hacer. No os extrañéis si comenzáis a actuar de formas extrañas y os observáis como quien parece haber sido poseído por un espíritu borracho, drogado y maníaco.

No importa si, como yo, os habéis vanagloriado siempre de ser trenes que arrancan lento (pero que luego no pueden ser detenidos), tanto en temas mundanos como sentimentales. No importa si os consideráis extremadamente racionales y si vuestra emoción ha estado siempre al servicio de vuestra voluntad y capacidad reflexiva: en cualquier momento os encontraréis mirando esa cara que os devuelve el espejo y que parece la de un conejo al que dan las largas y os preguntaréis: “¿Qué está pasando aquí?”.

Tal vez no hayáis conseguido sentir ni la milésima parte con personas a las que tratáis más a menudo que con otras con las que habéis intercambiado tan sólo un puñado de palabras y una tonelada de silencios, y os encontréis intentando explicar una ecuación imposible, representada por el incendio de un susurro.

La maravilla de ese hecho ha sido glosada en todas las literaturas, pero no hay forma de comprenderlo hasta que sobrepasa la frontera de la piel y se mete en nosotros.

Si tenéis la suerte de ser correspondidas y podéis dejaros ir, conoceréis uno de los puntos culminantes de la vida, que construye recuerdos indelebles. Si no, si las circunstancias no os son propicias y ese tren os deja en la estación, recordadlo también con cariño, porque habréis tenido la suerte de experimentar algo maravilloso. Algo que ya será independiente de la persona que os lo haya hecho sentir.

Y aun cuando tengáis la certeza de que el objeto de vuestra antigua ansia nunca formará parte de vuestra vida, honradlo igualmente porque ya no importará la clase de persona que pueda ser, y porque os habrá regalado un preciado objeto invisible que os pertenecerá para siempre, atesorado en el pecho, el resto de vuestra vida.

El tiempo hará el resto: limará las asperezas, dejará el suave tacto de lo que ya no hiere y os acompañará como un recordatorio de lo que pudisteis llegar a sentir. Si podéis asignar a esos recuerdos alguna fecha y honrarla anualmente, hacedlo.

A veces sólo podréis dedicarle tiempo a lo urgente e inmediato, esos hechos dramáticos que os impiden pensar en nada que no sea salir adelante, pero si la vida –que es breve y dura- os da un respiro, no desperdiciéis ni una sola posibilidad de que lo maravilloso resplandezca y deseadle a la persona que os haya regalado lo extraordinario que sea feliz y que dicha felicidad sea la que merece.

«Let’s do it again», de Brand New Heavies.

Uno de mis grupos preferidos, referente del Acid Jazz. Esta canción le viene como anillo al dedo al post.

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